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La evolución de la cadena alimenticia
0En un futuro no muy lejano, tal vez la cadena alimenticia sea más grande lo que pensamos…

Llueve
1Llueve, vaya usted a saber por qué (unos le echan la culpa a un tal Andrés, otros que porque le bajó la presión al termómetro). Y ahora que estoy de vacaciones, me sobra tiempo para ver llover. Así que salgo de la lluvia artificial de la regadera tan sólo para ver la tormenta natural que se desarrolla afuera. Es una lástima que no pueda salir a sentir el agua que cae sobre el pavimento tal como lo hago entre las cuatro paredes que acaban de aprisionarme. Y me conformo con mirar por la ventana las gruesas gotas que caen con dirección al pequeño balcón que tengo en mi cuarto. Y sonrío al pensar que me he librado de regar mi pequeño jardín, en donde la higuera comienza ya a dar frutos. Veo la enredadera que amenaza con entrar por la ventana del cuarto contiguo e invadir la casa sin misericordia, y por alguna razón pienso en Cien años de soledad. La palabra decadencia suena en mi mente hasta que es reemplazada por el sonido autoritario de un rayo que cae a escasos metros de mí. Shit! Ahora sólo falta que un maldito trueno le caiga (otra vez) al transformador y que (otra vez) se vaya la luz. Aunque pensándolo bien, con luz o sin ella últimamente me aburro igual. Un colibrí, con el pequeño cuerpo empapado y tembloroso se acerca para posarse en un pedazo de cable que aún queda como vestigio de los tiempos en que la casa fue construida. Hace mucho que no veía uno. Pero al parecer el refugio no le satisface y echa a volar en un impulso inexplicable, al menos para mí. Entonces viene Grizzly (ustedes no conocen a Grizzly, es mi mascota, una french poodle a la que escogí por no ser blanca, como todos los demás frenchs, ella es originalmente grisecita -si acaso lo único no original y para nada creativo es su nombre, lo sacó mi mamá del diccionario-), quien se asusta siempre que truena o que hay fiesta en la colonia y echan cohetes. Busca mi protección y me mira con sus ojitos, redondos como canicas y del color de los capulines. Ahora está pandrosa, con el pelo rizado, largo y esponjado. Se ve rocker así, tal y como es ella, sin pompones ni artificios de ésos. Antes de que mi mirada se pose en su figura, choca con el espejo, quien no repara en mostrarme (otra vez) los 2 ó 3 kilos de más que ando cargando de un tiempo acá. He olvidado mis promesas de hacer ejercicio en estas vacaciones. La flojera me ha invadido, soy una procrastinadora, etc… Ya no suena a lluvia. Ha salido el sol. Y a mí me ha dado por escribir.




