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Amor | Mi Mundo Azul

Posts tagged amor

Bici

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Pedales que van de arriba a abajo con coordinación asombrosa, un par de muslos que se mueven al ritmo que ellos marcan. Soy yo, y estoy montada en una bici. Bicicleta fija, por supuesto, hace años que olvidé el arte de andar en bici sin rueditas y sin caer, sigo esperando que Spidey me ayude a recordar, actividad para la cual hemos elegido (no por sus cualidades o mejor desempeño, sino porque es la única opción y porque me encanta que sea una reliquia) la vieja bici de mi padre.

Pues sí, ya llevo un récord de dos (sí, leyó bien, ¡dos!) días subiéndome a la bici fija de casa. Durante veinte minutos al día, mi cuerpo y este artefacto inmóvil, producto seguramente de la imaginación de otros seres que no tenían algo mejor qué hacer, establecen una relación de cooperación y dependencia. La bici me ayuda a conservar mi salud y figura (ja!) y yo le ayudo a no morir de olvido y desuso, a que no se le confunda con tendedero bajo las montañas de ropa con la que en días lluviosos solemos vestirla (y creo que hoy va a llover temprano. De nuevo se cumplen mis observaciones: a un día sin lluvia siempre seguirá un amanecer particularmente nublado).

Claro que, como todo, mi bici tiene sus ventajas y desventajas. Ventajas (léase con positivismo): es fija, lo que implica que puedo montarla cuando quiera y que no corro el riesgo de caer, tiene un velocímetro que cuenta las millas por hora (¿a cuánto equivale una milla en km?), y un reloj que es imposible dejar de escuchar cuando suena. Desventajas (no se lea con negativismo): es fija, lo que implica que no puedo recorrer bellos paisajes en ella, hace un ruido de los mil demonios capaz de despertar al vecino de al lado (pero yo prefiero poetizar y decir que es su voz, una especie de grito de guerra de todas aquellas bicis que alguna vez se han visto relegadas al tiempo y al desgaste), y el asiento que tiene es la cosa más incómoda sobre la que me he sentado nunca.

Pero mi bici es como los novios, o los amigos, o hasta la familia: uno los quiere a pesar de todo, y es justamente el estar consciente de sus múltiples faltas lo que nos hace quererlos más y más sinceramente. Uno los quiere y les perdona el dolor de piernas con el que tendrá que vivir durante dos semanas, y también el entumecimiento. Eso es amor, y amor del bueno.

otoño+bici+sepia=día perfecto

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De cartas de amor

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Buenos días, buenas tardes, buenas noches a todos los que pisan tierras MMAnas. En una de mis tantas conversaciones de messenger, de donde extraigo tópicos, ideas e incluso la misma conversación entera, platicaba con Lintux Lux y me comentaba que se unía a la causa de la poca creatividad de los escritores y nos proporcionaba del siguiente material.

Pero antes, ¿Alguna vez ha enviado una carta de amor? ¿Alguna vez ha escrito una carta?¿Ha sido en papel o electrónica?¿Sabe que es una carta? No es necesario que responda todas esas interrogantes pero justo de ahí nace esta entrada.

En España, se lleva a cabo un concurso denominado ‘Concurso Antonio Villalba de cartas de amor’ en donde las personas alrededor del mundo que cuenten con un editor de texto, una cuenta de correo y maneje el idioma Español en sus variantes puede participar sin problema alguno.

Existe en la página en donde publicaron los resultados tanto la mecánica del concurso, el proceso y los participantes que destacaron asi como los ganadores de los primeros lugares. Lintux Lux me decia que le agrado mas la carta que gano el segundo lugar, por lo que me permitiré publicarla a continuación y aquí el link en donde puede observar mas detalles acerca del concurso:

Recuerdos en un cartel, de Susana Corroto
Publicado el: Sábado, 14 febrero a las 20:00:00

Esta mañana me he dado cuenta de que no recordabas mi nombre. Lo he visto en tus ojos azules, mi princesa, cuando he entrado en la cocina, aún en pijama, adormilado, y te he has girado hacia mí con el paquete abierto de café en una mano y una cuchara en la otra, dándome los buenos días.

Durante apenas un segundo se te ha congelado la sonrisa, pero enseguida has fingido reconocerme y has seguido con lo tuyo, como si tal cosa. Yo me he vuelto al dormitorio y he abierto el tercer cajón de la cómoda. He tomado el cartel de cartulina roja, el que lleva mi nombre dibujado en mayúsculas de trazo grueso, y me lo colgado al cuello. Después, sentados a la mesa, cuando me has pasado el azúcar, has mirado mi cartel y he notado que te relajabas. “¿Te apetece una tostada, Miguel?”, has preguntado, haciendo hincapié en la pronunciación de mi nombre, para que yo viera que sí, que lo sabes, aunque algunos días no puedas recordarlo sola.

Los médicos dijeron que el desarrollo sería progresivo, muy lento y de hecho, hay días que aún son buenos, incluso parecen normales. Y en esos días soy yo el que se olvida de esta pesadilla en la que estamos inmersos los dos, desde hace casi tres años, envueltos en esta penumbra, en esta bruma que no te deja mirar atrás, mi princesa, que te esconde adrede nuestro pasado y nuestro presente, nuestros buenos y malos momentos, nuestros sentimientos y hasta nuestros sueños. Pero en medio de esta niebla, he de mostrarme tranquilo, sosegado, sereno. Ser metódico y mantener tu entorno claro y ordenado, exento de imprevistos y alteraciones que puedan perturbarte. Por eso, todo lo que hacemos cada día sigue una rutina y por eso, también, he marcado cada rincón de la casa con pequeñas etiquetas de colores que muestran mensajes diversos: “Azúcar”. “Armario para vasos”. “Sopa = cuchara”. “Calcetines”. “Te amo, Celia”, por todas partes, “Te amo”.

Acabas tu desayuno y te levantas sin decir nada. Cruzas el pasillo decidida y te veo desaparecer tras la puerta cerrada del baño. No debo atosigarte, así que pongo los vasos en el fregadero, recojo a toda prisa las migas de la mesa y te espero impaciente, sentado en el sofá de la sala. Hago como que leo el periódico, dejo que las gafas de cerca se escurran hasta la punta de mi nariz y permanezco atento a cualquier ruido extraño, a cualquier golpe o a cualquier llamada, para correr en tu busca, a rescatarte, mi princesa. Cuando sales, han transcurrido veinte minutos que a mí me han parecido eternos. Te has cardado el pelo como uno de esos punkis que tanta gracia te hacían. Has pintado de carmín rojo tus labios, y también las comisuras, y te has perfilado los ojos con lápiz negro, embadurnándote los bordes como un payaso que estuvo llorando antes de su gran espectáculo. Has confundido la laca de uñas con el frasco de perfume, y por tu cuello se deslizan dos hilillos plateados. “¿Estoy guapa?”, preguntas. Y yo sonrío, o trato de hacerlo, y te contesto que claro, que tú siempre estás guapa, y me vuelvo contigo al baño para convencerte de que es la hora de la ducha. “Ay no papá, papaíto, que aún no es domingo”, replicas lloriqueando y pataleas flojito en el suelo. “No quiero ducharme, no quiero”. Pero te dejas hacer y voy quitándote la ropa mientras canturreas una canción de cuna, aquélla que le cantabas cada noche a nuestra Ana para que por fin cogiera el sueño. Contemplas fascinada la espuma que resbala por tu cuerpo desnudo, tan frágil, y chapoteas y me salpicas y todo termina convertido en una gran piscina. Y yo termino empapado también. Empapado y agotado a las diez de esta mañana en la que no recuerdas mi nombre. Te envuelvo en una toalla y al momento la arrojas al suelo y sales corriendo hacia el cuarto. Abres el armario y lo revuelves todo hasta encontrar un vestido floreado, liviano, de vuelo y sin mangas. Recuerdo habértelo visto en alguna noche de verbena. “Es diciembre, mi cielo, hace frío”, te digo. Pero no hay forma. Te enfadas y me gritas. Me empujas con una fuerza que no sabía que tenías. “¡Suéltame! ¡Qué me sueltes!”, y tiras con fuerza del vestido, y la delicada tela se rasga, pero da lo mismo, te lo pones, con zapatos de tacón, muy altos, como siempre te gustaron. ”Ya estoy lista”. Me sonríes, coqueta, y te sonrojas, como la primera vez que te lancé un piropo a verte pasear con tus amigas por el Parque Grande. “Guapa”, te digo, y te guiño un ojo, como entones.

En el grupo de apoyo nos explican siempre la importancia de ir en busca de recuerdos, así que hoy, como cada día, dedicamos horas a mirar fotos, los dos juntos, sentados sobre el sofá, rodeados de álbumes viejos y cajas de lata. Asientes y sonríes mientras traigo hacia ti, poco a poco, los momentos bellos que encierran esas imágenes inmóviles. Y de pronto empiezas a hablar, a relatar las historias que quedaron plasmadas en el papel fotográfico y hasta me cuentas detalles que yo ya había olvidado. Te miro y vuelves a ser mi Celia, mi amor, mi niña… mi princesa. Me abrazas y te abrazo. Y permanecemos así, arropados con tu manta favorita, apoyada tu cabeza en mi hombro, hasta que de pronto te incorporas y me contemplas muy seria. “No debe abrazarme así, caballero. Estoy casada”. Te separas de mí y me invitas a marcharme. Yo obedezco, sumiso, por no contrariarte, y te dejo viendo la tele, ensimismada, murmurando palabras que solamente tú comprendes, mientras voy a la cocina a preparar el almuerzo. Hoy, tu plato favorito. Lasaña de atún casera. “Vamos a comer, mi vida”, te digo al cabo del rato. Paso un brazo por encima de tus hombros, te ayudo a levantarte y dirijo tus pasos hacia la mesa, vestida con tu mantel preferido y las servilletas de hilo que bordabas por las tardes. “Te he preparado lasaña, ¿ves?”. Cruzas los brazos delante del pecho y pones morritos. “No me gusta la lasaña”. Y yo: “Claro que sí, mi amor. Si la adoras”. Pero te niegas a probarla, te tapas la boca con las dos manos y sacudes la cabeza. Intento convencerte y le das un manotazo al plato. La lasaña se desbarata y la mezcla de bechamel, atún y tomate cae sobre tu regazo y se esparce por el suelo. Me miras, horrorizada. “Lo siento, Miguel. Lo siento”. Tiemblas y se te llenan los ojos de lágrimas, y los míos se inundan también, porque esta vez no ha ocurrido, no has mirado mi cartel. Esta vez, mi princesa, has recordado mi nombre.

Tomado en su versión para imprimir de la siguiente liga.

Esperamos nos cuenten que les pareció y cual ha sido su experiencia sobre del tema.

Saludos azules


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Semana 1

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…A modo de no quedar en el olvido y a la vez, cumplir mi camino del blogger…

Bueno@s días, tardes o noches, dependiendo de su ubicación espacial. Hace ya un rato en que este blog, nuestro queridisimo MMA, se ha visto en el abandono completo por parte de sus integrantes y dado que las ocupaciones de cada uno de nosotros nos absorben mas y mas, la medida que tomaré es que, cada semana, ya sea sábado o domingo o incluso el mismo viernes, tendré un balance de actividades, ocurrencias y demás cosas que pasan en la vida de este, su azul amigo. De esta manera, aseguro que me vuelvo constante bajo un periodo definido y me siento bien conmigo mismo y con mi vocación de escritor de cosas que suceden a mi alrededor.

Esta semana que recien terminó fue demasiado escolar y temo que siga en esa linea de comportamiento durante los meses que me quedan como estudiante.
Por lo que no han pasado cosas entretenidas, o no en la medida de las cuales tengo a bien relatar en este medio, debido a que mi vida de estudiante es más vulgar que lo vulgar. Desde una horda de animales emulando un acto sexual  entre gritos de la víctima y risas de los espectadores y actores a medio pasillo, albures a granel en donde cualquier palabra toma un sentido macabro y profundo (déme la razón si sabe lo que significa ser semi adulto) e imitaciones de profesores, compañeros, situaciones o comportamientos que convierten nuestras clases de ingeniería en un club de payasada y desmadre.

Por esa parte, la escuela es buena, divertida. La escuela es agradable.

Pero dandole vuelta a la tortilla, los profesores de último semestre se han convertido en unos valemadres, tal parece que es como si los alumnos tomaramos su lugar y ellos, el nuestro. Tanta libertad por estupido que suene, me resulta sospechosa. El caso mas extremo, el de mi asesor de proyecto. Eran dos, pero uno de ellos se fue a realizar un postdoctorado y solo nos quedamos con uno. Ni en mi casa me presionan tanto como el lo hacia y ahora solo lo vemos una vez a la semana, revisa el avance, pide algo para la siguiente semana y se desentiende.

Fuera de la escuela no ha pasado nada, nomas llego a casa a dormir y a mal comer.

Pero bueno, me dan ganas de hablarles de las fechas ‘importantes’ que suceden o que sucedieron a lo largo de esta semana. El viernes tuve examen final de inglés y estoy seguro a un 40% de reprobarlo. Nunca se me darán los idiomas y creo que la principal razón radica en que no me gusta hablar, a pesar de eso pasé con B mi speakin’. Lo que supongo mi fuerte, la parte escrita y de comprensión es la que me tumbará. Y la razón es que no he estudiado lo suficiente, dicho de una manera realista, no estudio, no me gusta estudiar y se verá reflejado en ese examen.

Por otra parte, en estos días se celebra el supuesto día del amor y de la amistad.

No me gusta la fecha porque no tengo la necesidad de esperar un día para demostrar mi cariño (porque regularmente no demuestro claramente a la gente que quiero que lo hago) y menos me agrada que se preste como un pretexto comercial (cosa que me viene ligera debido a que este mundo gira con dinero y no por esa fuerza de rotación que tanto se nos remarca). Por esas razones, no di ningún regalo y no recibí nada tampoco. Solo a mis amigos de una forma entre dientes y sin dejar huella de eso, les di las gracias por su amistad y nada más.

Amistad

Amistad

Sin mas por el momento me despido y les dejo con un tema musical, si es que ustedes son del tipo que disfruta de las fechas comerciales como régimen de seguimiento.

Saludos azules

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Guilty – Yann Tiersen/Le Fabuleux Destin d’Amélie Poulain

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Explicando el Amor

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A partir de esta nueva semana empezaré a redactar algunas situaciones a cerca de ese sentimiento el cual ningún ser humano es inmune a él.

Pondré una canción alusiva a la situación, describiré la escena y daré una conclusión seguida de un poema relacionado con el tema.

No soy experto en esto, ni pretendo darle solución a situaciones descritas, solo quiero exponer y dar a conocer circunstancias en las cuales el ser humano se expone y actúa conforme a esa droga llamada el amor.

Para empezar, lo mas indicado sería definir qué es el amor, sabemos que esto es muy difícil ya que cada individuo le de una definición en base a lo que siente y esta viviendo el momento.

(more…)

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La primera carta pública (o El amor es azul)

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…Si lo sabe Dios, que nos cuente…

Quizás pienses, al igual que todas las personas que han recibido algo salido de las fauces torcidas de mi mente y se ha plasmado en algún medio legible, que soy un tipo iluminado, rebuscado, a veces tierno y otras filoso, desangrante.
No pienso negarlo porque recuerdo que alguna vez me dijiste de forma clara y sin tanta intención que no te agrada que te contradigan.
Además, tienes razón si piensas de esa manera. Desde que tomé la escritura como el fluido que conduce mis ideas, me he ido transformando en la sombra que posee un hombre, como aquel ser ficticio lleno de fe llamado Florentino Ariza, de la obra del maestro Gabriel García Márquez, la cual te recomiendo siempre que primero leas la historia.

El hecho de hacer un “writing” en clase de Inglés, de redactar un vale de material al laboratorio de microprocesadores, manifestar por un escrito inconformidad con clases de algún profesor, quizás hasta la forma de saludar a las personas se vuelve, día a día, en un poema al ras del cielo.

Y aunque todo esto no tenga sentido aparente, lo tiene porque trato de explicar que la forma de decir las cosas que poseo se presta a confusiones y a mutaciones de los objetivos iníciales.

El punto, tengo miedo.
Haciendo cuentas, diste signos de vida después de más de 180 días y no me gustaría saber que darás un paso adelante para echar a correr hacia atrás.
No se que tengas en mente, como muchas veces presumí y acerté por mero azar del destino, y no lo se porque no recuerdo el brillo de tus ojos, los que me revelaban la verdad día tras día.
Solo obtendrás esto cuando tus ojos deslumbren mi cueva, dos papeles de los cuales solo uno podrás llevarte y el hecho de que un pacto de chocolate quizás sea el fin de algo que se construyo sobre nubes y hoy, nos damos cuenta que nuestros sueños no son capaces del todo sostener.
Quisiera dar tu nombre pero es el único obsequio de valor que haz tenido de mi. Quien siga nuestra historia sabrá que hablo de ti.

Saludos azules

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