…Siempre hay que recordar lo primero, pero no hacerlo el más importante. Por que solo hoy vale el hoy, y mañana, su mañana…
Caminaba por las calles de mi hermosa y contaminada ciudad.
Hacia viento, mucho viento, quizás tanto como para idealizar el día como perfecto, me gustan los días con viento.
Los chicos de la secundaria salían de sus turnos matutinos, en filas interminables de pubertos con las hormonas abiertas y los ojos cerrados. Una pareja de niños (porque a pesar de la adolescencia a cuestas, aun son niños) tomados de la mano, caminaban con dirección hacia mi y yo hacia ellos.
Las personas de hoy en día prefieren dejar pasar su camino antes que luchar por su línea trazada, por su instinto. Pero yo como fiel practicante del anti socialismo, seguí de largo y justo cuando estos jóvenes estaban por besarse, un tipo se atravesó en su camino frenando el impulso del amor temprano.
Si, fui yo. Me expuse a una mentada, quizás a un golpe, pero también tengo boca y se meter las manos.
Me quede pensando en el hecho que irrumpí.Y por más que intente hacer memoria, no podía recordar lo que mi mente me pedía.
No recordaba la primera vez que bese a una niña. Mas tarde, en una hora libre que tuve en la escuela me detuve a buscar aquel recuerdo del cual no podía creer haberlo olvidado.
Y lo recordé.
A decir verdad, no fui yo el que dio su primer beso, sino que fui objeto desechable de la niña que me beso.

Y no lo recordaba por que de eso a hoy ha pasado mucho tiempo.
Recién iniciaba el cuarto año de primaria, tenia a lo mucho 10 años, quizás 9 casi terminados. La escuela estaba sufriendo cambios, empezando desde inmuebles hasta profesores. Nos cambiaron a nuestro profesor de educación física y llego uno nuevo en su lugar.
Me es imposible recordar su nombre, pero si lo tuviera de frente podría reconocerle, no he olvidado su rostro.
Todo comenzó como un tipo de ejercicio sensorial, quizás un juego tramado al morbo de un par de profesores o una simple dinámica de acoplamiento de grupos.
Era martes si mal no recuerdo.
Estudiaba en escuela pública y no teníamos un uniforme deportivo específico, por lo que todos íbamos como Dios y nuestros padres nos daban a entender.
Recuerdo que mi padre me compro una bermuda azul de los Toros de Chicago, una playera blanca con ligeras líneas negras de los Lakers y un par de tennis blancos Mike.
Solo me faltaban mis lentes oscuros de invidente, un bling bling enorme en el cuello, un par de pendientes de diamante falso y hablar con la boca chueca para estar al estilo de los reguetoneros contemporáneos.

El caso esta en que a la hora de educación física, fue el profesor a presentarse, y salimos al patio trasero, donde regularmente se llevaban las prácticas de educación física.
En cuanto salimos, formo a todos los varones en una larga hilera sobre las paredes de algunos salones, dio la orden de un paso al frente y justo detrás de cada niño, estaba una niña a la misma altura.

La proporción del grupo era que de cada 3 personas, 2 eran niñas y uno niño, por lo que todo varón tenía a sus espaldas a una niña y sobraban algunas sin sitio definido.
Después de eso, el profesor dio la orden que las niñas debían tapar nuestros ojos con las manos y así empezó todo:

Prof. Educación Física: Vamos a realizar una dinámica diferente. Todos los hombres tienen los ojos tapados y hay niñas de sobra. Ustedes chicas, tienen que dirigirse frente del niño que quieran y bésenlo.

La condición normal de una bola de niños de 9 años era de repudio, era simplemente aberrante pensar que una niña, linda y débil por naturaleza, estaría a punto de besar sin mas ni mas a un chamaco mugroso y mocoso; así como era impensable que un niño gallardo, valiente y audaz iba a besar a una chamaca que olía a pipi. Los gritos de desacuerdo comenzaron en el acto.

Prof. Educación Física: No les estoy preguntando, quien no participe en la actividad puede retirarse a su salón y estará inmediatamente reprobado.
Comiencen!!

No quedo más que actuar.
Recuerdo las sensaciones.
Un calor que iba en aumento de forma expansiva se formo en la parte mas baja de mí estomago y subió quemándome las entrañas. Miles de mariposas que en un segundo se volvieron pirañas retorcían mis viseras y una gota de sudor helado recorría mi sien derecha.
Y se planto un beso rápido y fugaz en mi mejilla derecha.
Por simple y tonto que parezca, fue un detonante.
Mis mejillas solo habían sido besadas hasta ese instante por mi madre, mi hermana, mis tías, mis abuelas, mi familia para acabar pronto. Un par de labios extraños se había posado sobre la sensibilidad de mi rostro y sentí como la sangre de inmediato se alojo en el como protegiendo mis huesos del contacto afectivo.

No había terminado siquiera de digerir aquellas sensaciones nuevas cuando otros labios tan suaves como los primeros se acercaron a mi mejilla izquierda. Fue un contacto lento, premeditado, sus cabellos se enredaron un segundo con los míos y parecía que deseaban quedarse fundidos así por la eternidad entera.

Varias rotaciones de chicas se habían suscitado, de modo que la chica que inicialmente tapo mis ojos ya no era la misma.
Un tercer beso, más tímido que los dos anteriores y de menor duración aterrizo en mi mejilla derecha en esa ocasión, pero tal embriaguez de emociones habían hecho que perdiera toda sensibilidad en el rostro. Tres besos bastaron para que me volviera en un adicto al contacto de pieles, lo sentía en ese momento necesario, algo que debía pasar y seguir por mucho, mucho tiempo.
Y de pronto, creyendo que ya había vivido todo lo que debía vivir, sentí una respiración justo frente mis labios, un aroma fuerte a fresas y a perfume de niña. Todos mis sentidos se agudizaron, se activaron desde el primero hasta el sexto. Podía ver en escala térmica, un espectro rojo aproximándose a mí, de frente.
Y cuando menos lo espere, mi boca entre abierta fue cerrada con un beso. Un impulso inexplicable me hizo estirar los brazos y tomar sus hombros.
No despego su boca de la mía, nuestros labios jugaban a abrazarse, su lengua choco con la mía y antes de separarse de mí, un ligero mordisco en el labio superior me dijo con una punzada de dolor que la pureza de mis labios, la castidad de ellos y el tono de sus mieles había sido profanado.
Mis labios y mi primer beso le pertenecían a ella, a ella solamente y a nadie mas.
Todas las niñas habían hecho con nosotros lo que habían querido, y en un pacto de sangre y miel de cuencas juveniles recién descubiertas, juraron no revelar a quien entregaron sus besos ni en que forma lo habían hecho.

Nada fue suficiente para hacer que rompieran su pacto, ni los 30 minutos del recreo tras de ellas, correteándolas o jalándoles las trenzas, ni los balonazos en la cabeza. Todas callaron y nosotros nunca nos enteramos de nada.

Y el punto no esta en lo que me hicieron sentir ese día, ni en el ligero trauma de sentirme profanado, ni los días enteros de incertidumbre, viendo los rostros de mis compañeras y amigas, esperando ver la respuesta reflejada en los ojos o en una sonrisa.
Lo que me dejo a la expectativa fue que nunca supe quien era, nunca le agradecí que por unos segundos fuera mía, sin contacto, sin fluidos mas que los de los labios, que se entrego a mi sin siquiera mostrar el rostro, cual sueño de verano.

En conclusión, no se quien me dio mi primer beso, pero se quien me dio el segundo, el tercero, el cuarto y los demás. Y claro esta, quien me ha negado hasta hoy la esencia de sus labios.

Saludos azules.

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