Culpen a las vacaciones navideñas por mi inminente retorno a la comunidad MMA. Dicen los expertos que estas fechas son perfectas para dar un repaso a todo lo que hicimos bien y mal durante el año, para sanar heridas y renovar amistades etc., etc. Siguiendo este (sabio?!) y por cierto, muy cursi consejo, haré una pequeña lista de las 10 cosas buenas y/o malas que me ha dejado el semestre pasado.
10° Muy pero muy poco tiempo y cerebro para escribir en este, su blog. Sirva el comentario para expresar mi más sincera disculpa por haber abandonado durante alrededor de 5 meses al fiel público que me aclama y espera fervientemente cada nuevo post de mi autoría. Porque sí lo hacen… ¿o no?
9° La convicción de que traducir no es, pero ni por equivocación, cosa de niños. Se necesita más que medio masticar el inglés (o cualquier otra lengua) para poder traducir “decorosamente” un texto, de cualquier índole. Pero al mismo tiempo me convenzo más de que elegí la profesión adecuada, de que a ésto me quiero dedicar por el resto de mi vida, aunque no pueda comprar mi anhelado mini cooper con lo que gane por ello.
8° Ser alumna de la universidad más importante de Latinoamérica no necesariamente significa que tus maestros sean unos buenazos. Si a alguien le interesa, se reparten seises, sietes y clases de bostezo en el salón 305 de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Usted sólo pregunte por Rosaurio.
7° El punto número ocho no implica que las cosas sean fáciles. La profecía de que a partir del quinto semestre de cualquier carrera todo se complica, se ha cumplido: mis calificaciones apenas y pudieron soportar la tormenta y lo más que puedo esperar en mi historial son ochos.
6° La convicción de que el universo entero conspira en mi contra. Mucha negatividad en un solo semestre: no a la beca que solicité, no a mi petición para estudiar un idioma… el sistema educativo parece querer evitar a toda costa que me titule algún día.
5° Más compañeros de parranda y menos amistades fraternales. No necesito explayarme en este punto.
4° Menos horas de sueño y unas ojeras del tamaño de Australia. Todo gracias a que caí en la dispersión tan común a todos los estudiantes de letras que conozco. Antes de este semestre solía ser más ordenada… no sé lo que pasó.
3° Esta bien, esta bien, confieso que si lo sé. La culpa la tiene mi recientemente adquirida adicción a internet con messenger incluido. Es un horror, pido ayuda, ¡sáquenme de esto! ¿O deberé tocar fondo?
2° Aunque usted no lo crea, la tarea vacacional no es un invento único y patentado por los despiadados maestros de primaria. Así pues, el semestre pasado me ha dado cuatro libros a leer durante vacaciones, dos de ellos de alrededor de 1000 páginas. Pero quería estudiar letras ¿no?
1° Diablos! Se me acabaron los números y yo aún no termino. Me faltó mencionar el número cada vez mayor de alumnos en la facultad, el nuevo pino que está a segundos de secarse, las pocas expresiones en francés que apenas logro articular. El punto es que el semestre me dejó con muchas inseguridades, sé que no dí lo mejor de mí durante los últimos seis meses, tal vez en ningún aspecto de mi vida. Así que mi propósito de año nuevo (ahi vamos con las cursilerías) será dejar de lado las inseguridades que tanto me caracterizan y volver a encontrar el entusiasmo que me invadía recién comenzada la carrera. Sé que las circunstancias parecen insalvables cuando la mitad de mis materias me aburren, pero quiero apasionarme de nuevo con lo que estoy segura, quiero que sea mi vida. De lo contrario, estaré perdida en la senda equivocada.








